Una vida dedicada a la pasión del tango: Miguel Ángel Barcos

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Presentamos la entrevista realizada para la revista Signos de Neuquén al maestro Miguel Ángel Barcos, el gran referente del tango que nos relata su vida dedicada a este género.

Desde sus comienzos, en su niñez, Miguel conoció la música ciudadana en su época de esplendor. Por esto su relato se vuelve tan vital, porque nos ayuda a valorar y contagia un impulso para reconstruir el valiosísimo patrimonio cultural que representa el hoy tan descuidado tango.

El maestro Barcos es integrante de la Academia Nacional del Tango, creador del premiado Coro Polifónico de Cipolletti y solista de piano aclamado a nivel nacional e internacional.

Un valioso testimonio que nos remite a nuestros orígenes.

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¿A que edad comenzó con la música?

Comencé a los 5 años, con una profesora que vivía en el barrio de Urquiza. Mi papá tenía una carnicería y tocaba el violín de oído y estaba metido en grupitos de tango de barrio. Entonces me llevó con una profesora que estaba en frente de la casa ahí empecé. También a acompañarlo a los 5 o 6 años a los bailes familiares. Así que mi padre hizo que mame el tango en forma directa. Después vinieron estudios superiores de armonía, de composición con distintos profesores pero el comienzo fue en un barrio. Más que nada para sacarme de la calle, en ese entonces los chicos podían estar en la calle jugando tranquilos.

Y ¿Por qué el piano?

El piano porque fui a la profesora de piano si hubiera sido percusión hubiese sido eso. No había ningún antecedente en la familia. Mi papá no estudió nuca el violín, era un intuitivo y tocaba tangos. Recuerdo que él sin estudiar conocía todos los efectos y ruiditos que se pueden hacer con el violín.

¿Cómo llego al tango?

Por eso, prontamente. A los 15 años me pruebo en una orquesta importante de tango en la que entro, pero no entré por genio… entré porque faltaban músicos. Se tomaba a pibes que estábamos estudiando y bueno… yo entré en la orquesta de Titi Rossi, que era nada menos que el orquestador de la orquesta de Héctor Varela, (un gran compositor). Y ahí siguió la carrera con el tango, después vinieron cosas accesorias, dirección orquestal, dirección coral etc. Todo eso vino después y sigue siéndolo, porque yo sigo estudiando.

 

Pero luego ud. estudió odontología ¿Por qué?

Claro,… al tener una mamá italiana, que llegó a los 12 años escapando de la posguerra en Europa, ella vino con mis abuelos. Y … bueno yo me tenía que buscar un oficio que me rinda. En ese entonces si alguien era actor o músico le decían -“ Y porqué no te buscas un trabajo?”-.

Así que terminé el secundario y me fui a anotar a medicina y estaba todo cubierto y me anote por las dudas y en odontología. Después me gustó.

¿Es difícil combinar las dos profesiones de músico y odontólogo?

No…. Psicológicamente cuando yo llegué aquí (Cipolletti) con el Coro, me daba como un poco de vergüenza hacer música y por otro lado (en una ciudad tan chica) estar en un consultorio. Hasta que me di cuenta que no tenía ninguna importancia.

 

¿Y en qué año decidió venir a Río Negro y por qué?

En el ’66. Fue una decisión de buscar un lugar para trabajar en el consultorio. Porque en el barrio donde yo vivía se me llenaba de gente que no me pagaba nadie, porque yo era el artista de la cuadra. (Risas)

Y su juventud fue marcada por el tango…

Si yo era el que aparecía en TV, el que estaba en la radio; a tal punto que no tuve adolescencia, es decir el tren de la vida no paró en la estación `adolescencia`. Pasé de los pantalones cortos a tocar con gente muy mayor. Por eso a veces tengo tanta historia para contar, porque al estar con gente muy grande, y yo tan chico conocí gente del 1800 y pico. Y conocí gente que me hablaba de Gardel porque eran amigos de él, entonces yo tengo mucha información de primera mano. No porque los haya conocido, sino porque es una transmisión oral, como cuando yo cuento en los grupos musicales donde estoy las historias que he recibido. A la gente le queda la información. Yo recibí una historia bastante importante, ¿no? Hay fotos, por ejemplo, donde se me ve a mí en una orquesta determinada y son todos grandes Las orquestas más conocidas donde estuve fueron las de Titi Rossi, Armando Pontier, Leopoldo Federico.

 Cuando Miguel Montero se fue de la orquesta de Osvaldo Pugliese, le formó la orquesta a José Libertilla que era bandoneonista de Di Sarli, así que José Libertilla también fue maestro mío. El después formó el Sexteto mayor. Así que tuve maestros de tango espectaculares.

Y algo muy lindo que pasaba en época era que se tocaba todos los días. Por ejemplo en la Orquesta Estable de radio Belgrano yo tenía turnos todos los días. Como si fuéramos empleados de la radio, eran dos horas al mediodía y dos horas a la noche.

Había que leer a primera vista porque venían todos los cantores habidos y por haber que eran cientos.

¿Y que recuerdo le quedó de esa época?

El mayor recuerdo que tengo de esa época es la cantidad de músicos que había. Se calcula que solamente en Buenos Aires, en esa década gloriosa del ’50 existían alrededor de unas 50 orquestas solamente en la capital. Y eran orquestas de 3 y 4 bandoneones, 4 violines, algunos con viola, algunos con cello y 2 o 3 cantantes.

Después comenzó una época en la que los grandes cantantes como Julio Sosa, Miguel Montero, Armando Laborde que se fue de la de Darienzo, a su vez se iban solos porque el éxito era de ellos. Entonces otros 14 músicos se incorporaban a la orquesta para que viniera ese cantor, así que era un momento de trabajo muy grande.

¿Esa fue la época dorada del tango? ¿Y porqué decayó?

Claro, fue la época dorada del tango. Luego, por distintos factores fue decayendo y habría que hacer análisis histórico sociológico y antropológico porque hay muchos factores del porqué de la decadencia del tango. Hay factores económicos, históricos como la aparición del programa “El club del clan”, la introducción de música extranjera, Los Beatles, el rock nacional. Todo eso contribuyó a que hubiera un ambiente de tango muy débil en cuanto a defender los derechos. Los músicos de tango eran muy censores de lo que hacía los otros. Cosa que no pasó en el folklore argentino. En los festivales de folklore pudo convivir el Chango Farias Gomez, Opus Cuatro, el Cuarteto Zupay y Soledad. En cambio cuando las orquestas eran más atrevidas en los arreglos y demás, no solamente el público no se sentía cómodo bailando, sino que también los mismos músicos criticaban esa forma nueva.

 Yo tengo una anécdota con Fernando Suárez Paz, estábamos los dos a los quince años en la orquesta de Titi Rossi tocando en un cabaret de lujo que se llamaba Marabú, con espectáculos y demás. Y ese día teníamos como dos horas de descanso y ese día tocaba Piazzolla a pocas cuadras. Y nos fuimos con Suarez Paz a escuchar a Piazzolla y el me dijo -“¡Lo que debe ser tocar con este tipo!”-. Después fue el violinista de Piazzolla. Cuando volvimos a tocar los músicos nos preguntaban donde habíamos estado y les dijimos -“Escuchando a Piazzolla”-. Y nuestros mismos compañeros músicos nos decían que eso no era tango.

 

En esa época ya había una gran crítica contra él…

Sí. Esa fue una lucha. Es decir… los argentinos estamos acostumbrados a echar a nuestros artistas. Lo echamos a Alberto Cortez, después que triunfó en México y en España dijimos que había que cantar sus temas. Lo echamos a Borges y después que lo leyeron en todos los idiomas dijimos hay que leer a Borges. Lo echamos a Piazzolla, lo echamos a Gardel y después que triunfó en París lo tomamos como nuestro dijimos -“ah mirá este muchacho”-. Es una costumbre muy argentina que estaba en la época el decir- “Triunfá afuera y volvé”-.

Y el tango no solamente era cantado por argentinos…

Y era una época en donde venían muchos uruguayos como vino Julio Sosa, como vino Horacio Ferrer, China Zorrilla, Carlos Perciavalle y muchos uruguayos. Lo que pasaba es que en esa época cruzar el Río de la Plata y venirse a esta orilla era ganarse un mercado sobretodo discográfico que después se perdió. Un uruguayo hoy mismo saca un disco y es un mercado chiquitito. Por otra parte hoy como está destruida la industria del disco, prácticamente no vienen muchos artistas. Pero antes cruzaban muchos.

Y ¿el venir al Sur fue un nuevo comienzo?

Yo me casé con la madre de mis hijos y había prometido que iba a dejar la música tocada en público…. Fue como un convenio…. Eso me duró más o menos 30 minutos (risas). Así que empecé a buscar qué hacer, me empecé a relacionar con los músicos de la zona que eran poquitos.

¿Cómo surgió el Coro Polifónico de Cipolletti?

Un día fui a la biblioteca de Cipolletti (la vieja biblioteca), y me pongo a hablar con la bibliotecaria, Sra. Elena De Badillo. Entonces me preguntó quién era yo y le conté. Yo ya había venido a tocar a la zona con la orquesta de Pontier, y ahí lo conocí a Juan Carlos Perego que me dijo –“Pibe, ¿porqué cuando se recibe de dentista no se viene para acá?” Y esa fue un poco la punta…no?

Luego la sra. De Badillo me dijo que tenían ganas de formar un coro si yo no quería dirigirlo; y… si me hubiera dicho de integrar una banda municipal para tocar en la plaza ¡hubiera dicho que sí!. De la desesperación que tenía de tocar, y así comenzó el coro de Cipolletti hace 47 años, casi 48, y no lo dejé nunca más.

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Y la convocatoria ¿cómo fue? ¿Y con qué repertorio?

Ah! Los fui a buscar a la casa con un lazo (risas). Sabíamos que había un italiano que cantaba canzonetas y lo fuimos a buscar y un gallego que estaba en otro lado y así empezamos a juntar a la gente, porque en esa época acá no se sabía lo que era un coro. Y empecé a hacer un repertorio como podía, conformando a todos. Una canzoneta para el tano, algo gallego, también tenía una sra. con una bella voz ucraniana, así que hasta una canción ucraniana cantamos.

Hasta que después de muchos años, después de haber hecho un amplio repertorio, como el Requiem de Mozart con conjuntos de cámara, Vivaldi y unas cuantas obras con orquesta, hasta que me dije –“Ninguno de los que canta sabe lo que quiere decir, ¿porqué no podemos tener un coro que cante en nuestro idioma, haciendo la música nuestra?”-. Y así se encaró para ese lado, con grandes críticas de colegas, en el sentido de por qué hacía música popular con el coro, y era una postura tonta esa ¿no? Porque uno en Europa ve coros especializados en lo popular. En España se ve el coro Asturiano o el coro Gitano, o coros de andaluces o coros vascos que cantan exclusivamente el folklore de esa zona. Entonces yo dije -“¿Por qué no puede haber un coro de Santiago del Estero que haga solamente chacareras?”.

Y así comencé a hacer música argentina y empecé a meter lo que más me gusta, que es el tango, con arreglos escritos como tango.

El Coro de Cipolletti, dentro de lo que significa un coro vocacional, hace muchos tangos con buenos arreglos. Y el tango no se cantaba mucho en los coros, porque tampoco había arreglos, los arregladores de los coros o vienen de la música clásica o sinfónica o vienen del folklore porque tocan la guitarra, así que creo que soy el único que viene del tango profesional que dirige un coro haciendo tangos.

¿Y la carrera como solista fue paralela?

Lo de solista vino después porque en realidad todo lo que hice en Buenos Aires era como pianista de orquestas. Yo siempre fui un obrero de las orquestas con maestros absolutamente talentosos. No tenía maestros que dirigieran, sino todos bandoneonistas. Armando Pontier, Leopoldo Federico, José Libertella… todos bandoneonistas. Estuve con Sassone también. Y acompañando a muchísimos cantantes como Hugo del Carril entro otros… había mucho trabajo y te llamaban para grabar temas con grandes cantantes.

 Y luego comencé a tocar solo. Como solista es toda una historia, porque hay que hacer versiones, y empecé a viajar.

¿En qué lugares ha tocado?

Se me dieron oportunidades en Cuba, por ejemplo, porque yo a Cuba viajaba por la parte científica porque allá soy profesor honorario de la Facultad de Estomatología y ahí creamos el servicio de implantes de la facultad. Por supuesto pagándome todo yo porque no me podían pagar nada. Pero me fui metiendo con los músicos de tango, me encariñé mucho con ellos así que les llevaba cassettes, Cds, partituras, les daba clases. Y bueno… yo digo que los contactos se van haciendo, una cosa trae la otra.

Por ejemplo en Japón estuve en seis giras largas entre 2000 y 2004. Pero antes estuve entre el ‘90 y ‘91 en París con Inés Rinaldi, el primer año fue un mes y al año siguiente dos meses con Inés y Juan Carlos Cuacci y después un mes y medio más con Amelita Baltar.

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¿Y a qué se debe la fascinación de los japoneses con el tango?

Eso es un misterio que trataron de explicar muchos. Yo no le encuentro una explicación. Yo soy un convencido de que la cultura es generalmente (un movimiento) de ida y de vuelta. Por ejemplo, a los italianos les gusta mucho el tango y en casi todos los países latinos gusta el tango, pero también a nosotros nos gusta la música de ellos. Y yo la primera vez que fui a Japón me traje más o menos 30 Cds de música japonesa, que no alcancé a digerir. Que de todas maneras me gustaron mucho.

Creo que en el asunto del tango para los japoneses hay varios factores; hay un factor histórico y que justo aprovecha el tango, que es que el jazz estuvo prohibido en Japón hasta después de la guerra, hasta después del ´45. Y ahí entraron otras culturas.

Y el tango tiene una fascinación que tiene que ver con lo pasional, lo postural. Lo más parecido que hay en cuanto al desarrollo corporal de la pasión es el jazz o el flamenco ¿no? Que son dos fuentes de las cuales uno se nutre muchísimo. Y creo que el tango es absolutamente erótico, no solamente en el baile, sino también viendo a los músicos, cuando se contorsionan o cierran los ojos o produce algún movimiento al tocar, hay un erotismo bien entendido.

Cuando uno ve un violinista que está haciendo una czarda de Monti pone todo el cuerpo.

 

¿Le parece que hay un renacer del tango?

Estamos todos hablando de un renacer del tango, me parece que es verdad, pero todavía no me conforma a mí personalmente. Porque es a través del baile nada más. No tengo nada contra los bailarines pero como hay dos generaciones perdidas (en cuanto al conocimiento del tango), los bailarines no saben mucho con qué música están bailando. Solamente bailan tangos. Y bueno con algunos profesores logramos entendernos aquí y en Buenos Aires también para que los jóvenes conozcan el porqué de los estilos. Porqué la rítmica, porqué es más ligero porqué un adagio.

Y lo último que aparece así como para reconquistar, que eso sí me preocupa muchísimo son los textos. El conocimiento de los grandes poetas. Yo creo que sobre eso tendría que haber una acción del Ministerio de Educación del país para que así como se lee a Cervantes también se lea a Manzi.

Y el tango lo que tiene es que generalmente no son textos chiquitos. Yo a veces comparo con el bolero, hago un paralelismo porque todo tango se puede tocar en tiempo de bolero y todo bolero en tiempo de tango. Pero la letra del bolero en sí, sin faltarle el respeto al bolero porque lo adoro, ¡es tan chiquita!

Por ejemplo:

“Esta tarde vi llover

Vi gente correr y no estabas tú”

En cambio el tango aborda cosas mucho más profundas.

Si uno repasa letras de Manzi como “Ninguna” que dice:

“No habrá ninguna igual,

No habrá ninguna.

Ninguna con tu piel ni con tu voz.

 

Tu piel, magnolia que mojó la luna

Tu voz, murmullo que entibió el amor.

 

No habrá ninguna igual.

Todas murieron,

Desde el momento que dijiste adiós.”

Eso ¡es fantástico!, como “Fuimos” o las cosas discepolianas, es decir el tango tiene textos. Y hoy generalmente los bailarines no tienen los textos en la cabeza. Porque son poesías demasiado importantes para reconocerlas en una sola vez que se escuche.

 

Claro lo que ponen los bailarines son temas instrumentales, sin la letra…

Si porque no entienden lo que dice y no saben lo que están bailando. Igual yo los respeto a los bailarines, no me pongo en contra porque los jóvenes no tienen la culpa.

Yo me pregunto ¿Dónde encuentran los jóvenes tango donde lo escuchan?….. La industria del disco está destruida.

Yo a veces hablo con los musicalizadores o disk jockeys de las milongas de ahora y ellos tampoco tienen la data. Porque bajan los tangos de internet y en los temas solo dice “Troilo” y ¡Andá vos a saber quién canta o de qué época ese es tema!, ¡Y hay tanto para hablar de eso!. Por otro lado hay otra cuestión. Yo por supuesto cuando grababa empecé a grabar en vinilo, eran 33 simple, 33 doble, 45 o en Long Play. Pero no hay una sola Long play de orquesta de la época donde vos veas la composición de los integrantes de la orquesta. Figuran el director y el o la cantante. Sabíamos los jóvenes o la gente sabía cómo estaba formada la orquesta porque la seguían como a un grupo de fútbol. Y vos ibas a un bar, cada barrio tenía su bar característico con billares, con un televisor blanco y negro chiquito. Y en la previa que hacían los muchachos vestido de traje y corbata, antes de ir a la milonga, que empezaba a las 22.30 de la noche, había discusiones, discusiones fuertes. “¡Pugliese, no!, ¡Disarli!”- “Yo me voy a bailar a Avellaneda a bailar con Pugliese!”- o –“¡yo me voy al centro a bailar con Fresedo!”- Y así. Eran como las discusiones de hoy sobre Messi.

Además el bailarín o la bailarina iban al baile ¡y se encontraban con Troilo! Y se acercaba al palco y estaba Troilo con todos los músicos y con los cantores que tenía en el momento. Estaba Goyeneche o Julio Sosa, Roberto Rufino, Rodolfo Lezica, estaban todos… y todo eso se murió.

¿Había mujeres en las orquestas?

Había pocas mujeres tocando. De todas maneras las mujeres empezaron a aparecer tímidamente. De todas maneras fueron aceptadas. Paquita, fue la primer bandoneonista. Pero sí había orquestas de señoritas, las famosas orquestas de señoritas. Generalmente tocaban en bares porque había muchos bares para ir a escuchar una sesión vermout, tomar un cafecito y escuchar a una orquesta. Había otros más importantes como las Richmond en Suipacha casi Corrientes o Esmeralda casi Corrientes también había Richmond una confitería donde había por día dos orquestas. Yo toqué mucho en la de Esmeralda. Los jóvenes salían del trabajo y se iban a tomar un vermoucito.

Hay compositores y poetas ahora?

Si, ¡que no va a haber! Hay más que antes. Pero ¿donde los escuchas? Antes un tema se hacía éxito, se grababa un simple y lo pasaban en la radio. Hoy encontrar un tango es una tarea de zapping de mucho tiempo. ¡Andá viajando y encontrá un tango! Entonces es muy compleja la situación.

 

 ¿Hace actividades de difusión de tango?

Me llamaron para hablar un poco de los estilos, en realidad tiene que ver con los tiempos, además el tango se fue transformando en el tiempo, puede pasar de 4×8 a 2×4 y después a 4×4. Es una cuestión de velocidad, uno lo puede escribir mientras sean cuatro tiempos en pares.

Ud, es miembro de La Academia Nacional de Tango ¿Cuanto hace que pertenece a ella y qué función tiene?

Pertenezco desde el 2004. Hay académicos que viven en Bs. As. que se reúnen. También hay miembros adherentes y miembros correspondientes. Miembro correspondiente es uno que por su trayectoria el consejo directivo decide que tiene que ser miembro porque le corresponde. El adherente es alguien es un representante y esta lejos generalmente. La academia sirve para investigar. Yo pregunto muchas cosas y cuando puedo voy a alguna reunión y todo lo que yo hago a nivel tango está avalado por la Academia. Tengo esa autoridad. La misión seria sostener y difundir el tango. Pero qué es muy quijotesco, ¿que hacés vas a la radio y decís pongan 4 tangos por día? Es luchar contra molinos de viento.

El Coro Polifónico de Cipolletti recibió un premio en Buenos Aires …

El Coro recibió una mención del Senado de la Nación por la trayectoria y yo por haber trabajado Ad Honorem toda esa época. A mi también en el 2008 me entregaron el premio Sarmiento del Senado de la Nación que esta ahí atrás (señala el cuadro). A mi me impresiona el tema de los homenajes, espero que nunca me den una plaqueta de mármol…(risas).

ANÉCDOTA

Una vez fuimos a tocar en un baile en Santa Fe con la orquesta de Alberto Pontier. Estaba, en esa época por lo menos, San Genaro Norte y San Genaro Sur eran como dos pueblos. En uno de los dos como el tren llegaba hasta ahí, era punta de riel, (como es Zapala, Neuqén). En ese lugar había una playa de maniobras muy amplia con galpones cruce de vías este una famosa rueda para dar vuelta la locomotora había rieles que se cruzaban y el baile se hizo ahí con la corriente dada por camioncitos a 6 volts.

Entonces en un vagón de carga sin las puertas así abierto como una chata funcionaba la cantina. Vendían cerveza naranjin, ginebra, caña Legui, ese repertorio. Y en otro vagón también con las puertas abiertas funcionaba como escenario. Tocamos la primera entrada, y salió fenómeno. Estaba lleno de gente con mesitas escuchando, todo muy lindo…

Y en eso, en la segunda entrada, yo estaba en el piano y sentimos un ruido muy fuerte ¡TOOOOCK!…. y se empieza a mover el vagon….

(Risas) Yo siempre exagero y digo que nos llevó como 500 mt. pero habrán sido 30 metros que nos enganchó la locomotora. (Risas) En la maniobra nos engancharon y nos llevaron lo suficiente para que se desconectaran los cables nos quedamos sin luz hasta que se restableció el orden…

Dejamos de tocar enseguida pero ¡fue muy gracioso!

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